Las duras impresiones de un israelí que vivió en Colombia

Acabo de dejar Colombia después de una visita de seis meses y ya la extraño. Mi nombre es Eli David, y desde 2010 he vivido un estilo de vida nómada, cambiando de país a país cada dos meses. Soy un economista y contador nacido en Israel que decidió que es mejor conocer el mundo en lugar de quedarse en el mismo lugar. Hasta la fecha, he vivido en más de 60 países y he publicado artículos sobre el estilo de vida nómada en el portal BecomeNomad.

Quedarme en Colombia por seis meses no fue algo que planeara, pero fue difícil irme. Pasé la mayor parte de mi tiempo en Medellín, Bogotá, Pasto y Bucaramanga mientras hacía viajes los fines de semana a municipios cercanos a esas ciudades. Para este artículo, habría sido fácil centrarme en los aspectos positivos de la vida en Colombia, principalmente sobre su gente y la naturaleza.

Sin embargo, creo que sería más beneficioso si comparto las principales cosas que faltan o deberían mejorarse en Colombia, al enfocarme en los aspectos sociales, económicos y ambientales que afectan al país. No soy un local que vive diariamente la “realidad colombiana”, así que mis disculpas por adelantado si ofendo a alguien.

Hay una infección que es la razón de la mayoría de los problemas de Colombia. Probablemente no les sorprenderá que esta infección sea la corrupción. He tratado de entender por qué la corrupción es tan frecuente aquí, y concluí que es causa de algo mucho más profundo. Colombia sufre de una grave falta de solidaridad que provoca y amplifica directamente la corrupción. Profundicemos.

Ahora estoy viviendo en Madrid, España, y unos días aquí me me recordaron la razón principal por la que no me quedaría en Colombia por un período prolongado. Mis amigos colombianos, la mayoría de sus ciudades están muy contaminadas, y parece que la mayoría de ustedes no son conscientes de lo grave que es esta situación.

Esta es una cuestión de vida o muerte. Todos los que viven en una ciudad colombiana están respirando constantemente humo, lo que terminará afectándolos a ustedes y a sus familiares. Madrid y otras ciudades europeas tienen millones de habitantes, pero el aire es limpio. En el caso de Colombia, el gobierno no está poniendo suficiente esfuerzo. Porque no hay suficiente presión de la gente para tomar este tipo de decisiones difíciles.

La iniciativa del Pico y Placa es un buen comienzo, pero es una solución fácil que no ataca a la raíz del problema: los contaminadores y la grave falta de infraestructura. Así como el cáncer no puede ser curado con aspirina y analgésicos, sus “trancones” solo tendrán margen para empeorar. Cuando llegué a Bogotá en 2007, mis amigos me hablaron de que había planes para construir un metro. ¿Qué pasó?

Para un país con la gente más amable del planeta, nunca entendí por qué es tan difícil ser un peatón en Colombia. Cuando llegué a España después de seis meses en su país, no crucé la calle ni siquiera cuando los coches se pararon para mí en las cebras porque no podía creer que estaban esperando a que cruzara la calle.

Pero si cruzar la calle no es fácil, viajar entre las ciudades colombianas es aún más difícil. Es cierto que los majestuosos Andes hacen que los viajes terrestres  sean más difíciles, pero su infraestructura es verdaderamente horrible. Después de viajar en un autobús entre Pasto, Bogotá, Medellín, Bucaramanga, Cucuta, y la costa Caribe, puedo decir honestamente que sus estrechas carreteras están planificadas de manera ineficiente, y hacen que viajar por tierra sea innecesariamente largo.

Los vuelos se han convertido en la regla para viajar en Colombia, algo que es lamentable. Puedo informar de mis viajes que la guerrilla se ha ido, y viajar en transporte público o en automóvil es ahora seguro. Viajando así y evitando los aviones, conocerán lo bella que es Colombia, ya que los lugares más majestuosos no se encuentran en las ciudades. Los vuelos crean contaminación, ruido y retrasan el crecimiento y la integración de los pueblos más pequeños que actualmente no son visitados por los colombianos.

Ecuador, su país vecino, no es de ninguna manera más exitoso que ustedes, sin embargo, tienen excelentes carreteras e infraestructura. Alguien les robó durante decenas de años, es hora de asegurarse de que este robo termine para que se pueda invertir en la infraestructura y el futuro de Colombia.

Hablemos de sus ciudades y parques. Y sí, estoy hablando con mi amada Bucaramanga, La ciudad de los parques. Sus ciudades no son divertidas para caminar en absoluto. Aparte de la contaminación, tienen muy pocos parques que siguen desapareciendo cada vez que un proyecto inmobiliario paga lo suficiente para obtener un permiso. Así terminan destruyendo uno más de los pulmones verdes de sus ciudades.

Así que, colombianos, les sugiero que empiecen a defender activamente sus parques y la naturaleza. Vayan a protestar cada vez que un parque esté a punto de desaparecer, asegúrense de que las vías que se construyen entre sus ciudades estén planificadas sin corrupción, sin intereses particulares y que se piense cuidadosamente sobre las implicaciones ambientales a largo plazo. Defiendan su asombrosa naturaleza, que son verdaderamente bendecidos con espectaculares montañas, playas, plantas y animales a diferencia de cualquier otro país, y una vez que se ha ido no se puede recuperar.

La forma más fácil de empezar a proteger su naturaleza es cambiar sus propios hábitos. Por ejemplo, la situación con las bolsas de plástico en Colombia es más que absurda. En Europa, se pagan las bolsas de plástico y la gente suele evitarlas. En Colombia, se obtiene una con cualquier cosa que se compre.

Cuando alguien le ofrezca una bolsa  diga que no y que lo hace porque le importa el medioambiente. Si su Gobierno está demasiado ocupado para impulsar un cambio, ustedes como pueblo tendrán que asumir esa luchas y establecer las normas para  que los escuchen. No los esperen.

Otro tema es el de la obesidad y la diabetes, que se han hecho increíblemente frecuentes en todo el mundo, y una de las cosas relacionadas con esas enfermedades son los alimentos que comemos. En Colombia me engordé, pero no me malinterpreten. La comida colombiana es deliciosa y extraño mis arepas y buñuelos, pero es difícil encontrar una buena ensalada o comida que no tenga fritos. Solo puedo recomendar cambiar el menú para protegerse a ustedes mismos y a sus familias. Me encanta que solo en Colombia un adulto puede desayunar con chocolate caliente, pero esta adicción a la Coca Cola tiene que parar. Cambien a agua por favor.

Colombia tiene la gente más amable que he tenido el privilegio de conocer durante mis viajes. A diferencia de muchas otras partes de América del Sur, los colombianos no solo son amistosos sino que generalmente no se aprovechan de los turistas, sino que los cuidan. En algunas ocasiones, los colombianos me hicieron descuentos o me ofrecieron servicios gratis con la intención de que tuviera una buena impresión del país (un agradecimiento especial para el doctor Vicente Unigarro de la Clínica Unigarro en Pasto. ¡Es usted un gran hombre!).

Durante mi estadía en Colombia, dos de mis hostales se convirtieron en lugares en donde me sentía en familia. Nariño es mi región colombiana favorita y Antoni y Mónica, en el Hostel Bohemia de Pasto, son la razón principal de eso (además de la espectacular Laguna Verde). Mi otra familia en Colombia la conseguí en el hostal rural Chitota, cerca de Bucaramanga y atendida por los legendarios Enrique y Diana, quienes me mostraron lo grande que es la vida cuando vives en una finca colombiana.

 

Sin embargo, ser tan amigable tiene también sus desventajas. En Israel las personas se quejan de todo lo que no funciona o no tiene sentido, lo que lleva a que las cosas mejoren. Si sus derechos son violados por la corrupción, el crimen y la ineficiencia, ustedes deben actuar activamente y cambiar al establecimiento. Con tantos años de conflicto interno y problemas, yo estaba seguro de que los colombianos serían mucho más duros y curtidos, pero descubrí que probablemente son la gente más dulce del planeta y también un poco mimada. Muchos de ustedes evitan explorar la increíble naturaleza de su país porque es difícil viajar a esos lugares, y se quejan cuando no tienen una televisión en las habitaciones de sus hoteles y hostales. Se están perdiendo la oportunidad de explorar y disfrutar de su increíble país cuando solo buscan el comfort.

Una de las cosas que me sorprendió en Colombia fue ver a las adultos mayores trabajando activamente. En Bogotá, tuve un divertido paseo Uber con un conductor de 78 años. Es genial ver a las personas mayores que no renuncian y siguen trabajando  para proveer a sus familias. Ustedes deben abrazarlos y apoyarlos, ya que están impulsando la economía y se siguen creyendo relevantes en un mercado que por lo general prefiere a los más jóvenes. En Israel, el gremio de los taxis ha bloqueado a Uber y me ha impresionado que Colombia permita que esos servicios operen en la zona gris de la legalidad. Espero que así continúe, ya que los negocios de la nueva economía están rompiendo monopolios ineficientes, creando empleos y permitiendo más movilidad social.

La economía compartida también mejora el nivel de servicios que tratan mal a sus clientes  por no tener competencia. Si no están seguro de lo que quiero decir, simplemente tomen un taxi en Bogotá.

Cabe señalar que a la población de edad avanzada se le debe dar la oportunidad de participar en la economía debido a la ineficiente cobertura del sistema de pensiones colombiano. He oído historias de personas que trabajan durante años y no reciben su pensión, por lo que lo menos que pueden hacer es permitirles trabajar y darles las herramientas.

No solo los ancianos luchan para conseguir un trabajo. En Colombia, el factor decisivo para obtener un empleo es conocer a las personas adecuadas, especialmente en el sector público. Su mercado de trabajo es rígido, y una vez que alguien consigue un trabajo, tienen miedo de cambiar, incluso si saben que no es el trabajo adecuado para ellos. Un mercado de trabajo rígido significa que los recursos no se distribuyen eficientemente y las personas no trabajen en las cosas en que son mejores o disfrutan haciendo. Al mismo tiempo, los trabajadores con talento que carecen de las ‘palancas’ necesarias se quedan fuera del mercado, lo que los lleva a actividades ilegales y aumenta la delincuencia.

La buena noticia es que los colombianos son trabajadores incansables. Fue increíble para mí ir al metro en Medellín a las 5:30 de la mañana y verlo lleno de personas que luchan por proveer a sus familias y construir un futuro para sí mismos mientras hacen malabares. El Gobierno debe apoyar un mercado de trabajo flexible que esté abierto para todos, en lugar de complicar las cosas con leyes innecesarias. Un ejemplo que se me viene a la mente son las docenas de lunes festivo (Puentes). Puede ser bueno para el turismo, pero es malo para los negocios y, lo que es más importante, malo para su propia libertad personal.

A medida que los colombianos empiezan a trabajar con clientes y empresas de todo el mundo, será muy difícil explicarles que la mitad de sus lunes son vacaciones generales para todos. Es cierto, los colombianos merecen más días de vacaciones que ahora, pero obligar a todos a tomar vacaciones al mismo tiempo es contraproducente. La gente debe poder decidir sus días de vacaciones individualmente.

Las vacaciones colectivas se conectan con otro fenómeno interesante, la familia colombiana. Los europeos y estadounidenses abandonan sus hogares cuando tienen 18 años, mientras que los colombianos parecen quedarse allí para siempre. Su unidad familiar es inspiradora, pero también podría hacer que sus nuevas generaciones tengan ambiciones reducidas. Las economías son impulsadas por la gente trabajadora y por los empresarios con sueños de cambio y prosperidad. La norma social de que los padres cuiden a sus hijos sin importar la edad podría hacer más daño que bien. También podría traer otro fenómeno negativo. Cuando sus lazos con la familia y los amigos son tan poderosos, no hay lugar para que nadie afuera de ese círculo sea incluido. Colombia necesita más integración y solidaridad, y menos familias y amigos aislados que se conservan a sí mismos.

Independientemente de su nivel de educación, los colombianos también son emprendedores, y sus calles están llenas de pequeñas tiendas y puestos de frutas atendidos por vendedores expertos. Colombia se está convirtiendo en un centro importante para pequeñas empresas tecnológicas. Mi proyecto StartupBlink está mapeando ecosistemas tecnológicos en todo el mundo, y Medellín es una ubicación estelar en Suramérica. Medellín es también cada vez más popular para los turistas, lo que muestra un ejemplo increíble de cómo un lugar problemático, con la peor imagen posible, se ha transformado para convertirse en un lugar envidiable.

¡Tómense el tiempo para sentirse orgullosos de la excepcional transición de su país! En mi primer viaje de mochilero en 2003, Colombia fue un país paria que escogí evitar. En 2007, tomé la valiente decisión de llegar y me enamoré de un país que tenía pocos turistas. La Colombia de 2017 se está convirtiendo en uno de los lugares turísticos más populares de América Latina. Enfureceré a mis amigos de izquierda y de derecha diciendo que sus últimos dos gobiernos hicieron un trabajo excepcional para manejar tanto la guerra como la paz y recuperar el control del campo, que prácticamente no funcionaba. Sinceramente, no entiendo por qué los colombianos están tan divididos políticamente. Celebren su transición, ámense y respétense uno al otro, y entiendan que son un solo un pueblo que se levantará o caerá.

Esto abre una discusión sobre la solidaridad. No parece que los colombianos se preocupen unos por otros. No es suficiente sentirse colombiano solo cuando la Selección Colombia está jugando, lo más importante es sentirlo durante las tragedias y cuando la gente está sufriendo. La gente sufre mucho en Colombia. Me sorprendió ver que la vida siguiera cuando la tragedia en Mocoa dejó más de 300 muertos. La fuerza de Israel es su solidaridad. Cuando ocurre la tragedia, nuestro país está en suspenso, de luto, enfurecido.

La solidaridad suena bien, pero para Colombia es crucial, ya que les permitirá enfrentar la corrupción. ¿Qué es la corrupción? Buscar el beneficio propio a expensas los demás. La falta de solidaridad colombiana trae corrupción, ya que si las únicas personas por las que se preocupan son sus familiares y amigos, se olvidan de los colombianos sin hogar o de otras regiones como La Guajira y Mocoa. Parece que los colombianos han renunciado a ellos, y es evidente que ellos también han renunciado a ustedes. Así que si comienzan a preocuparse por los “colombianos perdidos”, la corrupción disminuirá y se volverá socialmente inaceptable al igual que en Japón, sin importar el castigo.

Después de vivir en más de 60 países, quedó claro para mí que la corrupción está altamente correlacionada con las normas y prioridades de la gente común y corriente y no con los políticos. Los políticos son un reflejo de la gente, y tienen la misma ética y prioridades de cualquier otra persona. Los colombianos que se quejan de la corrupción son a menudo las mismas personas que no pagan impuestos, que se cuelan en el sistema de transporte para evitar pagar el pasaje, sin respetar las filas, o bloqueando los andenes con sus carros.

Colombia, en materia general, no es un país seguro y eso podría explicar el por qué muchos de ustedes rodean sus casas de cercas eléctricas. Pero esas vallas no pueden protegerlos de ustedes mismos. Tienen la suerte de no tener guerra de religión e ideología, pero son las clases económicas las que los separan. En lugar de construir cercas para aislar a su propia gente, es mejor reducir las brechas sociales y dar a todos una oportunidad justa para tener éxito. Para que tengan algo que perder antes de decidir a saltar por encima de su cerca.

Su problema del crimen está aquí para quedarse y no será resuelto por los premios nobel y los tratados de paz. Por lo general, tuve suerte viajando por seis meses sin mayores incidentes, aparte de una vez donde yo era el único pasajero en un autobús que fue robado en las afueras de Bucaramanga por un adolescente con una pistola. Tanto el adolescente como el conductor parecían ver esto como algo normal. El adolescente no tenía nada que perder y el conductor no tenía esperanza de un cambio. Pero el crimen solo empeorará a medida que se amplíen las brechas entre los colombianos exitosos y los débiles y abandonados con su pobreza, falta de educación y adicciones. Colombia debe priorizar a esas personas y dar más posibilidades de reducir las brechas, e invertir fuertemente en educación y otros programas informales que dan una oportunidad a los jóvenes y adultos mayores.

Una vez decidí visitar Camarones en La Guajira para tener un “escape” cerca del mar y del desierto. Mientras estaba sentado, pedí un pescado de uno de los quioscos en la playa y un perro se acercó a mi mesa. Me sentí triste y le di unos huesos y esperé a que se fuera. Pero unos minutos más tarde, un grupo de siete niños pequeños se sentó alrededor de mi mesa, me miraron y luego tuvieron el coraje de empezar a comerse los huesos del pescado. El plato quedó limpio después de 2 minutos, cuando ya se habían ido.

Esto me hace hablar de la Colombia que he visto en Medellín y Bogotá, que es solo una parte de un panorama más amplio, muy inquietante. Salí de Camarones ese día  sintiéndome triste, pero también muy afortunado de no vivir allí. Desafortunadamente, ellos no pueden hacer lo mismo. Estoy 100 por ciento seguro de que  esos niños siguen con hambre.

Las personas que no tienen nada que perder, los niños abandonados, serán el futuro problema de Colombia. En unos cuantos años, ellos serán los que estén derrotados pidiendo dinero en la calle o en un restaurante.

Cada colombiano debe ayudar activamente al eslabón más débil a ser más fuerte antes de que sea demasiado tarde. Cuiden de su gente y asegúrense de que todos los niños tengan la oportunidad de tener éxito o, al igual que su vecina Venezuela, se ahogarán en un mar de corrupción, populismo y violencia.

Origen: Las duras impresiones de un israelí que vivió en Colombia

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